viernes, 19 de agosto de 2016

"La leyenda del enmascarado" estará en la feria del libro de Burela


El sábado 27 a las 18h presentaré mi novela "La leyenda del enmascarado" en la Feria del Libro de Burela, Lugo, en un evento conducido por Miguel Ángel de Rus y en el que contaré con la grata compañía de Salvador Robles, que también presentará su obra. 


Firmaré ejemplares el sábado 27 y domingo 28. 


¡Galicia, allá vamos y con muchas ganas!


sábado, 13 de agosto de 2016

Termina la guerra, comienza la Fronda


La Rochefoucauld poseía cualidades suficientes para resultar del agrado de Madame de Longueville: era apuesto, inteligente y refinado; sus modales eran exquisitos, y su lealtad a la reina lo revestía con un halo de caballerosidad que por fuerza había de llamar poderosamente la atención de una dama que se había criado en el ambiente que se respiraba en el salón de la marquesa de Rambouillet. Él era, además, un galán experto, con todas las bazas posibles para ganar su corazón. No le costó demasiado. Y, una vez logrado su propósito, la tarea de moldear también su mente resultaría más fácil. En palabras de Victor Cousin, La Rochefoucauld “transformó su natural coquetería en ambición política, o, mejor dicho, le inspiró su propia ambición”.

Madame de Longueville se entregó por entero. Sacrificó su propia reputación, que hasta entonces tanto había estimado, y postergó sus propios intereses y los de su familia, incluso los de su querido hermano. Como observa Madame de Motteville, “en todo lo que ha hecho desde entonces se puede ver claramente que no es solo ambición lo que llena su espíritu, sino que los intereses del príncipe de Marcillac ocupaban mucho espacio. Por él, se volvió ambiciosa; por él, dejó de apreciar la tranquilidad y, absorbida por sus sentimientos, olvidó su buen nombre”.

El 20 de agosto de 1648 llegaba para su hermano Condé la victoria de Lens sobre las tropas españolas, mandadas por el archiduque Leopoldo. En octubre se firmaba la paz de Westfalia, que ponía fin a la Guerra de los Treinta Años. Entre otras concesiones, Francia recibía Alsacia, ampliando así sus fronteras, y se reconocía su absoluta soberanía sobre los tres obispados de Metz, Toul y Verdun, que llevaba ejerciendo de facto por derecho de conquista desde hacía casi un siglo. Además la famosa fortaleza italiana de Pignerol, que tantos capítulos nos ha ocupado, pasaba también a sus manos.

Las consecuencias fortalecían al gobierno de Mazarino en su lucha contra el Parlamento. El futuro sonreía al reino y el cardenal se las prometía muy felices. 

No contaba con la Fronda.


sábado, 30 de julio de 2016

Un príncipe calculador


En 1639 François de La Rochefoucauld, príncipe de Marcillac, obtuvo permiso para reunirse con el ejército en Holanda, donde demostró tal valor que Richelieu le ofreció el rango de mariscal de campo, pero él lo rechazó a petición de la reina, que no deseaba que su campeón aceptara ningún favor de su enemigo,

De regreso en Poitou, fue tanteado por Cinq-Mars para sumarse a la conjura contra el cardenal, pero La Rochefoucauld tuvo la sensatez de rechazar cualquier implicación.

En 1642 moría Richelieu, y meses después el rey le seguía a la tumba. Para La Rochefoucauld habían terminado aquellos años en los que había sido un joven romántico, caballeroso, desinteresado e imprudente, aquel que había osado desafiar al poderoso cardenal y despertado su ira. Ahora se había convertido en un hombre ambicioso e intrigante que perseguía sus propios fines a costa de lo que fuera. Con Ana de Austria como regente, cabía esperar que quienes le habían permanecido leales en la adversidad, como había sido su caso, recibieran su recompensa. Pero le aguardaba la desilusión: Ana fue pródiga en promesas, asegurándole que no había nada en el reino que fuera lo bastante grande para premiar los sacrificios que había hecho por ella; sin embargo, ahí terminó su gratitud.

Luis XIII

La Rochefoucauld, buscando una aliada, alentó a la reina a llamar a su lado a Madame de Chevreuse, a quien Luis XIII, en su lecho de muerte, había desterrado a perpetuidad. Pensaba que de ese modo le sería más fácil alcanzar cualquier favor que demandara. Aunque la duquesa de Chevreuse ya no le era tan útil a Ana de Austria ahora que tenía la regencia. Su vieja amiga pidió para él el gobierno de El Havre, entonces en poder de la duquesa de Aiguillon, sobrina de Richelieu; pero Mazarino, siempre firme en la defensa de la familia de su benefactor, protestó contra el expolio, haciendo ver a la reina que se trataba de un acto que ofendería a los Condé, emparentados por matrimonio con el difunto cardenal. Por tanto, la reina decidió denegar la petición.

La Rochefoucauld permaneció aún leal a la persona de la reina, pero no estrictamente al gobierno de Mazarino, lo que le llevó a prestar cierto apoyo al partido de los Importantes. Nada, en todo caso, de una relevancia que pudiera causar su caída en desgracia.

Al cabo de dos años, cansado de una vida de cortesano, solicitó el mando de la caballería ligera que quedaba vacante por la muerte del mariscal de Gassion, pero también esto le fue denegado. Y no faltaban razones, porque, a pesar de su valentía, sobradamente demostrada, no tenía demasiadas capacidades militares. 

Ana de Austria

Desesperado al ver siempre frustradas sus aspiraciones después de su prolongada fidelidad a la reina, decidió pasar a la oposición. Y en ese estado de ánimo se encontraba cuando Madame de Longueville regresaba a París y se convertía, gracias a las victorias de su hermano, en objeto de adulación por parte de toda la corte, más incluso de lo que ya lo había sido al partir hacia Westfalia. La Rochefoucauld calculó pronto lo mucho que tenerla de su parte podría ayudar en la consecución de sus objetivos y ambiciones, porque a través de ella obtendría el apoyo de los Condé. Sin dejarse desanimar por el poco éxito alcanzado por los anteriores pretendientes de la bella, se dedicó a la tarea de vencer sus resistencias con una habilidad y determinación dignas de ser dedicadas a mejor causa. Él mismo nos lo cuenta así:

“La belleza de Madame de Longueville, su inteligencia y todos los encantos de su persona, atraían a todos aquellos que alentaban la esperanza de ser tolerados por ella. Muchos hombres y mujeres de alto rango se esmeraban por complacerla; y, aparte de las atracciones de esta clase en la corte, Madame de Longueville estaba en aquel tiempo tan en buenos términos con toda su Casa, y era tan tiernamente amada por su hermano, el duque de Enghien, que quien recibiera la aprobación de la hermana podía contar con la estima y la amistad de aquel príncipe. Muchas personas intentaron en vano este camino, y mezclaban otros sentimientos con la mera ambición. Miossens, que después se convirtió en mariscal de Francia, fue el que más perseveró... Yo era uno de sus amigos, y él me mantenía informado de sus intenciones. Estas se desvanecieron pronto. Se dio cuenta, y me dijo que estaba dispuesto a renunciar. Pero la vanidad, que era su pasión más fuerte, a menudo le impedía contarme la verdad, y fingía esperanzas que en realidad no tenía, y que yo sabía que no podía tener. De este modo pasó algún tiempo, y por fin tuve razones para creer que yo podría hacer mejor uso que Miossens de la amistad y la confianza de Madame de Longueville… Le expliqué a él mi punto de vista, pero añadí que la consideración hacia él siempre me refrenaría, y que nunca intentaría establecer relaciones íntimas con Madame de Longueville a menos que él me dejara en libertad de hacerlo. Confieso que lo indispuse con ella intencionadamente, a fin de asegurármela para mí, aunque sin decirle nunca nada que no fuera cierto…”



lunes, 18 de julio de 2016

¡Hasta agosto!


Muchas gracias a Pilar, lectora apasionada de “La leyenda del enmascarado”, que se desplazó desde Avilés para asistir a la presentación en la Semana Negra y ha enviado a mi correo unas bonitas imágenes como esta, tuneadas por ella misma con mucho cariño.

Queridos cortesanos, necesito unas vacaciones después de tanto trajín, así que me despido hasta el mes de agosto.

Mil gracias a los que acudisteis a los eventos. Presenté La leyenda del enmascarado y participé con Lourdes Ortiz, Teresa Galeote y Marta Gómez Garrido en una mesa redonda sobre la mujer en la novela negra y de género. M.A.R. flipaba al ver que llenamos a rebosar la carpa a pesar de que en la vecina estaba el gran Luis Eduardo Aute. Pero es que cuando nosotros convocamos gente, la convocamos, y no hay Aute que valga.


Me voy con un subidón que me va a durar hasta que vuelva.

¡Hasta agosto!

miércoles, 6 de julio de 2016

El caballo de Sejano


El exilio de La Rochefoucauld fue la causa de su relación con la intrigante duquesa de Chevreuse, una de las mujeres que más influyeron en su vida. La duquesa se encontraba en Turena, desterrada por Richelieu, y allí fue donde ambos se conocieron, para desdicha de él, pues la dama resultaba tan peligrosa para sus amantes como para sus enemigos. La Houssaye la compara con el caballo de Sejano, cuyos amos encontraban siempre un mal final.

Madame de Chevreuse mantenía por entonces una correspondencia secreta con Ana de Austria, el duque de Lorena, la reina de Inglaterra y el rey de España, y La Rochefoucauld se vio comprometido al confiarle su dama el envío de varias de estas misivas. Los espías de Richelieu, siempre alertas, no tardaron en poner en conocimiento del cardenal lo que estaba sucediendo. A consecuencia de ello Ana de Austria fue acusada de traicionar a Francia aliándose con sus enemigos. Nunca se había visto la reina en situación más delicada, pues parecía a punto de ser repudiada e incluso encarcelada. Antes de que se cumpliera el fatídico destino, Ana propuso a La Rochefoucauld que las raptara a ella y a Mademoiselle de Hautefort para conducirlas hasta Bruselas, donde estarían a salvo.

“Yo era joven, y a una edad en la que se quiere hacer algo extraordinario y brillante, no se me ocurría nada mejor que librar a la reina de su esposo, y del cardenal Richelieu, que estaba celoso de ella, y al mismo tiempo a Mademoiselle de Hautefort del rey, que estaba enamorado de ella.”

Los planes no se llevaron a cabo, y finalmente la reina se sometió. Pero La Rochefoucauld no iba a tardar en volver a encontrar problemas al ayudar a fugarse a Madame de Chevreuse, quien, disfrazada de hombre, emprendía la huida hacia España. Su enamorado era enviado a la Bastilla, pero gracias a su padre, que en esos momentos se encontraba en muy buenos términos con el cardenal, fue puesto en libertad al cabo de una semana. Sin embargo, sufrió un nuevo destierro, y no podría regresar a la corte hasta la muerte de Richelieu.


VIERNES, 15 DE JULIO, A LAS 20:15h, PRESENTACIÓN DE "LA LEYENDA DEL ENMASCARADO" EN LA SEMANA NEGRA DE GIJÓN, EL MAYOR FESTIVAL LITERARIO INTERNACIONAL AL AIRE LIBRE DE EUROPA. CON LAS AUTORAS TERESA GALEOTE Y MARTA GÓMEZ GARRIDO, Y CONDUCIENDO EL ACTO LOURDES ORTIZ. CARPA 3.


Muchas gracias a dlt por su magnífica reseña en su página "desdelaterraza". No se puede explicar mejor ese choque entre dos mundos ni escribir mejor una crítica que, además, agradezco que sea tan positiva.

http://desdelaterraza-viajaralahistoria.blogspot.com.es/2016/07/la-leyenda-del-enmascarado-entre-la.html


martes, 21 de junio de 2016

Gracias, Valencia, Valladolid y Avilés

Presentando "La leyenda del enmascarado" en Valencia en compañía de la escritora Raquel Campos, con la sala a rebosar. Fue momento de encuentro con viejos amigos blogueros. Allí estaba "Arena", que me regaló una rosa; y también Wendy Tink, fundadora de nuestro club de los pololos; la escritora Isabel Barceló, nuestro querido Dlt, del blog "Desdelaterraza" y muchos de nuestros seguidores valencianos. Estuvo todo aquel que pudo estar, y os doy mil veces gracias.

Con la escritora Isabel Barceló antes de comenzar la presentación


Firmando ejemplares de la novela y también de La Corte del Diablo, que habían traído consigo.

Y en la Feria del Libro de Valladolid, más momentos estupendos. La escritora Fátima Díez vino desde Bilbao con La Corte del Diablo para que se la firmara también.


Firmando ejemplares

Saludando al director de El Diario El Norte de Castilla, Carlos Aganzo.

Y en Avilés, presentando en un hermoso palacio del siglo XIV junto a la concejala de cultura, Yolanda Alonso.  Contra todo pronóstico, fue récord de ventas, superando incluso al de mi ciudad natal.



Tras unos días de vacaciones, retomaremos la historia de nuestra corte.

Muchas gracias y hasta pronto.


jueves, 16 de junio de 2016

La Rochefoucauld y Madame de Longueville


Madame de Longueville respondía a todas las muestras de admiración sin corresponder con otra cosa que fuera más allá de una estricta amistad. Le gustaba tener adoradores a su alrededor, pero no tenía amantes. Sin embargo, su virtud, inquebrantable hasta entonces, comenzaba a tambalearse. Su padre, que tanto respeto le había inspirado, había muerto, y su esposo ahora estaba lejos. Llegó un momento en el que Madame de Longueville sintió no solo la necesidad de ser amada, sino también de amar. Había un hombre que conquistó su corazón y su mente hasta tal punto que Anne dejó de tener cualquier interés o ambición que no fuera por él y para él. Este caballero era François de La Rochefoucauld, Príncipe de Marsillac y después duque de La Rochefoucauld, uno de los más célebres moralistas franceses y una de las figuras más representativas de aquella vieja aristocracia. 

François había nacido en París, en la Rue des Petits-Champs, el 15 de septiembre de 1613, y contaba ahora 34 años. Su familia era una de las más antiguas y nobles de Francia, con un expediente militar glorioso. Después de los Guisa, los Montmorency y los príncipes de la sangre, ellos tenían el más alto rango. En 1648, François escribía esto a Mazarino:

“Soy capaz de demostrar que durante trescientos años los reyes no han tenido inconveniente en tratarnos como parientes”.

Ana de Austria

A los 16 años ingresó en el ejército. Para entonces ya tenía una esposa: lo habían casado con Andrée de Vivonne, una rica heredera de la que poco se sabe debido a su carácter modesto y retraído, tan contrario a las “precieuses” que frecuentaba él. El matrimonio tuvo ocho hijos, siguiendo la tradición de los Rochefoucauld de tener familias numerosas. El propio François era el mayor de catorce hermanos.

Como soldado, exhibió un notable valor, mucho más que verdadera habilidad para las cuestiones militares. Alentado por su orgullo de estirpe, era muy ambicioso, pero también sumamente romántico, y le encantaba rodearse de mujeres.

Su padre, que debía su ducado al favor de María de Médicis, a la que había permanecido fiel, se posicionó en contra de Richelieu y animó a su hijo a seguir su ejemplo. Y el joven pensó que nada podía hacer mejor que convertirse en paladín de la causa de la desdichada reina, Ana de Austria, perseguida y acusada de traición. “Esta conducta me granjeó la aversión del rey y del cardenal, y fue el origen de una serie de desgracias que me han sobrevenido”. De hecho, a su regreso de una campaña en 1635, con el pretexto de haberse expresado con demasiada libertad acerca de sus superiores, recibió órdenes de retirarse a las propiedades de su padre y no volver a la corte en dos años.


Viernes, 17 de junio, presentación en VALENCIA de "La leyenda del enmascarado", con Raquel Campos y la autora. Librería Leo, 19:30h.